OTAN: Del prestigio a la incertidumbre

Por Franklin Rodriguez

¡Trump lo vuelve hacer!. Ésta es quizás la precipitada conclusión a la que podríamos llegar, cuando se da un breve vistazo a las continuas embestidas del mandatario estadounidense, que lejos de toda ficción, parece desafiar con naturalidad las tradicionales reglas de juego en geopolítica, al dirigir sendos ataques contra sus aliados más fieles.

Teniendo como víctimas nueva vez a sus socios europeos, esta vez Trump da la impresión de estar decidido a poner un ejemplo con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que por décadas ha sido el más emblemático símbolo del poderío de Occidente desde la Segunda Guerra Mundial, y uno de los actores claves de la Guerra Fría. De hecho, tal origen brindó a la OTAN la reputación de ser la muestra por excelencia de los valores y visión compartida entre Estados Unidos y Europa, convirtiéndose en el brazo armado del orden liberal, lo cual no parece representar un compromiso inalienable para un mandatario cuya agenda interna no reconoce de lealtades internacionales.

Esa falta de correspondencia con las instituciones que dan sustento al poderío estadounidense en el mundo, es lo que mantiene incrédulos a los líderes europeos, pues no comprenden cómo después de casi tres décadas de expansión y fortalecimiento tras la caída de la URSS, Trump se despache diciendo que “la Unión Europea es posiblemente tan mala como China”, y que la OTAN es una organización “obsoleta”. Pero estas acciones están lejos de ser fortuitas, representando en cambio el cumplimiento de viejas amenazas de campaña y primeros días en la Casa Blanca.

Como aquel entonces, el factor que ha primado dentro de las actuales discusiones en torno a la OTAN a propósito de la reunión celebrada el pasado 11 y 12 de julio, ha sido la falta de un aporte proporcional por parte de los 29 socios, cifrado en la cumbre de Gales en el 2014 en un 2% del PIB de cada país. La cita en Bélgica, sin embargo tenía por agenda la asistencia mutua, la relación de Europa con Rusia, los entrenamientos conjuntos y programas de adiestramiento del ejército iraquí, todo lo cual quedó eclipsado por la subida de tono de Washington.

Lo que ha tornado especial esta ocasión, ha sido la decisión de Trump de hacer públicas sus exigencias vía misiva a unos 10 mandatarios, cuyos países muestran un evidente rezago con miras a alcanzar el porcentaje sugerido por la OTAN para el 2024. Dentro de este grupo, la presidenta alemana Angela Merkel se ha convertido en el centro de las críticas más severas del mandatario estadounidense, acusándosele de destinar a penas un 1.19% de su PIB a pesar de ser la principal potencia económica de Europa.

A lo anterior le siguió una subida en las apuestas, al sugerir a modo de represalia unilateral un nuevo aumento del porcentaje de gastos de los miembros de la OTAN de 2% a un 4%, amparándose en el actual gasto de Estados Unidos, que ronda el 3.5% y representa en términos reales un 22% del total del financiamiento de la OTAN. Sin embargo, una de las razones que explica las más recientes críticas contra Alemania, lo representa el proyecto Nord Stream 2, un nuevo gasoducto de capital ruso aprobado por Berlín, que proveerá a Alemania 55,000 millones de metros cúbicos de gas natural al año.

Según los ataques vertidos por Trump vía Twitter, Alemania recibe de Rusia más del 60% de su demanda de energía, lo que prácticamente le pone a merced de Moscú, pero en realidad los datos indican que actualmente el citado porcentaje es más próximo a un 20%. Lo que quizás haya que valorar, es que las autoridades alemanas han procurado acabar con el uso de energía nuclear para el 2022, por lo que la búsqueda de un sustituto viable, económico y sostenible, les lleva a estudiar alternativas como estas, que no obstante ser de iniciativa privada, el proyecto tiene valor estratégico para ambas potencias.

Ahora bien, a pesar de que la crítica contra Merkel del mandatario estadounidense ha encontrado cierto eco dentro de la Unión Europea y miembros de OTAN, no menos cierto es que representa una nueva ambivalencia retórica, por cuanto Washington intermitentemente tiende a coquetear con Moscú, al punto de Trump indicar que le es más fácil entenderse con Putin que con sus aliados europeos. Por si esto no fuera ya suficiente, el Washington Post hizo pública la información de que el presidente estadounidense estaría estudiando junto al Pentágono la posibilidad de retirar de Alemania sus tropas, que actualmente superan los 34,000 miembros.

Lo anterior puede responder más a un exabrupto momentáneo que a un plan realista, puesto que de ejecutarse tal medida se estaría alterando de manera considerable el balance de poder en Europa, obligando a Alemania a procurar su propio y legitimo resguardo, algo que reviviría viejos fantasmas de la 1ra y 2da Guerra Mundial. De hecho, la canciller alemana hizo valer su peso político dentro del viejo Continente, recalcando el derecho que tiene su nación de decidir sobre sus políticas sin necesidad de injerencias.

Retomando las actuales divergencias a lo interno de la OTAN, en lo que respecta a la funcionalidad de la misma, resulta evidente que esta debe ser sometida a una reestructuración que le haga corresponderse con los nuevos desafíos, que abarcan la migración, seguridad cibernética (piratería, espionaje, robo de información) y terrorismo.

Preocupa que ponderando el devenir histórico de los últimos 70 años, encontremos que por un lado no existe una nación que haya hecho más por Europa que Estados Unidos, iniciando por el Plan Marshall cuya ejecución devolvió a los europeos su esplendor, pero que al mismo tiempo hoy sea precisamente un mandatario estadounidense, quien apueste a su fracaso. A pesar de ello, la lógica indica que estos desencuentros no convienen a ninguna de las partes, por cuanto es Bruselas el mayor aliado estratégico de Washington en su cada vez más precario dominio global.

Vía: Vanguardia del Pueblo

Fuente: https://vanguardiadelpueblo.do/2018/07/16/otan-del-prestigio-a-la-incertidumbre/#.W0yI8hzXPm8.whatsapp

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