Asamblea General de la ONU: Algunas consideraciones

Franklin Rodríguez / Vanguardia del Pueblo

Hoy asistimos al último día del 73vo. Periodo de sesiones de la Asamblea General, cuyo rol de máximo órgano deliberativo, normativo y representativo de los 193 Estados miembros de la ONU, recrea un escenario ideal para abordar las principales problemáticas del mundo, entre las que siempre destaca la búsqueda y mantenimiento de la paz mundial.

Celebrada como de costumbre a partir de la tercera semana de septiembre, el período de sesiones de este año tuvo en agenda diferentes temas de interés global, como: Promoción del crecimiento económico sostenido; Desarrollo de África; Promoción de la justicia y del derecho internacional; el desarme; Fiscalización de drogas, prevención del delito y lucha contra el terrorismo internacional; Salvaguarda del espacio oceánico para las generaciones presentes y futuras; migración; entre otros. Sin embargo, a pesar de la importancia de los temas puestos en agenda, suele ser el contexto y la participación de los representantes de las grandes potencias, lo que más destaca durante la cita mundial en la sede de la ONU, en Nueva York.

Así pues podríamos comenzar por destacar que, para esta ocasión, América Latina estrenaba su primera mujer presidenta de la Asamblea General en siete décadas de existencia, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa. Además, el momento en que se lleva a cabo este encuentro magno de mandatarios, coincide con un panorama internacional desconcertante, que durante la última década ha puesto a prueba la capacidad de la ONU de servir de mediador y garante de un mundo más justo.

Eventos como el drama de la comunidad Rohingya en Birmania, los conflictos en Medio Oriente, las migraciones masivas hacia Europa, las tensiones en Venezuela, la rivalidad entre Estados Unidos y China, el terrorismo y ciberataques, son tan solo algunos de los retos que encara las Naciones Unidas a través de sus múltiples organismos y dependencias.

No obstante, en las últimas semanas han surgido noticias, como el sorpresivo anuncio de Washington de eliminar los aportes a la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos, el cual ascendía a 368 millones de dólares anuales y beneficiaba a unos 5 millones de personas por medio de educación, atención médica y servicios sociales. Lo interesante es que Estados Unidos invierte hasta catorce veces más en naciones como Iraq (5,300 millones), Israel (3,100 millones) y Egipto (1,200 millones), que representan intereses estratégicos.

Pasando a la Asamblea, luego de ver cómo el Departamento del Tesoro de EE.UU. le imponía nuevas sanciones a funcionarios del gobierno venezolano, entre los que destaca la esposa de Nicolás Madura, Cecilia Flores, unas seis naciones (Colombia, Perú, Chile, Argentina, Paraguay y Canadá) aprovecharon la ocasión para solicitar a la Corte Penal Internacional (mismo órgano que Washington desacreditó un mes atrás) a que abriera una investigación contra el gobierno de Venezuela, por presuntos crímenes de lesa humanidad. Trump por su parte aprovechó para lanzar una sutil amenaza de intervención.

No podía faltar tampoco la alusión a un clásico rival de Washington, que tras haber logrado uno de los más celebrados acuerdos de la mano del expresidente, Barack Obama, hoy vuelve a ser señalado como la principal amenaza internacional, nos referimos a Irán. En esta ocasión Trump acusó a Teherán de “sembrar caos, muerte y destrucción”, además de apelar al aislamiento.

Así seguiría la línea discursiva del mandatario estadounidense, que durante su esperada intervención pareció más decidido a erigir nuevos muros en vez de construir puentes, consolidando con notable arrogancia las rivalidades ya existentes con adversarios internacionales, y creando nuevas con aliados históricos. Demás estaría decir que China no escaparía a los ataques de Trump, llegando al punto de acusarla (sin pruebas) de querer manipular las próximas elecciones legislativas en EE.UU, algo que inmediatamente fue rechazado por el ministro de Exteriores chino, Wang Yi.

Ahora bien, más allá de lo ocurrido durante la cita que se extendió desde el 25 de septiembre a hoy lunes, 1ro. de octubre, que además incluiría el tema del desarme en Corea del Norte, la insinuación de Trump de retomar en América Latina la “Doctrina Monroe”, y el televisado hazmerreir del mandatario cuando quiso hacer alarde de sus logros al frente de EE.UU, lo cierto es que hubo una práctica en particular que llamó nuestra atención. Esto es, la notable ausencia (asientos vacíos) por parte de mandatarios y delegaciones enteras, durante la intervención de gran parte de las intervenciones en la Asamblea.

Partiendo de lo anterior, es nuestra intención apelar a la presidenta de la Asamblea General, María Fernanda Espinosa, y el secretario General, Antonio Guterres, para que se tomen las siguientes previsiones de cara al 74 periodo de sesiones, que tendrá lugar en septiembre 2019. En ese sentido, nos remitimos a los reglamentos de la Asamblea para que se regule lo relativo a las ausencias de sus asientos de los jefes de delegación y demás representantes, como sugiere el artículo 39 que regula al pleno de la Asamblea, indicando:

“Cuando uno de los Vicepresidentes de la Asamblea General estime necesario ausentarse durante una sesión de la Mesa, podrá designar a un miembro de su delegación para que lo sustituya. Cuando se ausente el Presidente de una de las Comisiones Principales, designará a uno de los Vicepresidentes de la Comisión para que lo sustituya. Cuando el Vicepresidente de una Comisión pertenezca a la misma delegación que otro miembro de la Mesa, no tendrá derecho a voto”.

Partiendo de esa reglamentación, y tomando en cuenta que cada Estado miembro cuenta con cinco (5) representantes y cinco suplentes según reza el artículo 25, entendemos impostergable aplicar el siguiente reglamento:

“En el entendido de que los mandatarios que acuden a la Asamblea General, van en calidad de representantes legítimos de los Estados miembros de la ONU, mereciendo por ello un trato digno en el conocimiento de sus planteamientos, se aconsejan que”:

Durante el periodo de sesiones, los jefes de delegaciones están en el deber de estar presentes, salvo excusa formal, en cuyo caso sería reemplazado por el ministro de exteriores u otro miembro de delegación.

Las delegaciones no podrán ausentarse en más de un 60%, según el listado de asistencia, por lo que las ausencias (salvo protesta), deberán ser alternadas entre sus integrantes.

Nota. Ya hemos remitido nuestras observaciones al secretario General, propuesta que se une a otras iniciativas que entendemos contribuirán positivamente al rescate del sentido de pertenencia e idealismo de las Naciones Unidas.

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